Enciende ya las lámparas del cielo,
amiga y esperada noche, en tanto
que un voto, un sacrificio, un altar santo
te consagra Damón con puro celo.
He aquí la ofrenda con el negro velo
que oscurece tus ojos, y allí el canto
de tus aves nocturnas, y el Acanto
y Beleño que ofusca en humo el suelo.
No te desdeñes de mirar mis dones
(pues son de tu color) y mi ganado,
víctimas inocentes y piadosas,
dijo Damón; y Tirse a sus razones
regó su seno. ¿Sufres ser rogado,
cielo, para turbar ajenas cosas?