Clara y hermosa Virgen del triunfante
cielo primero, bella y adornada
de la clara corona y de la amada
manadilla de cabras de tu amante;
así la soberana y circunstante
máquina de lumbreras estrellada
deje de acompañarte, y la sagrada
cara de Febo veas rutilante;
que al tiempo que la Maga que me encanta
con palabra y deseos te mirare
no recibas la lumbre de tu Apolo.
Y si aquella belleza te forzare,
sea para mirar entonces cuanta
sinrazón se le hace a un hombre solo.