Vos a quien la fortuna dulce expira,
Títiro mío, la gloriosa llama
cantando, vuestro Tajo y mi Jarama
paráis al son de vuestra hermosa Lira.
Yo, aquí donde conmigo vivo en ira,
ausente de la nieve que me inflama,
cuelgo mi caramillo de una rama
de salce y oro, lloro y él suspira.
¡Cuánto es mejor que el mío vuestro estado,
pues que gozáis presente del sentido
que robó por los ojos la alma firme!
Yo, para lamentar y arder nacido,
la vida esquivo y aborrezco el hado
¡O, sólo vos no os esquivéis de oírme!