Rompe la concha de esmeraldas finas,
perla, que extiende nácares tempranos,
vergüenza ya sus esplendores canos
de haberla hollado plantas aun divinas.
Espinas la rodean, que continas
son como sombra a sus colores vanos;
mas que importan la guarden, si tiranos
son sus contrarios, más que sus espinas.
Soplos de viento son su cruda espada,
rayos de Febo su mortal herida,
y mano descortés su parca airada.
La que es más Fénix, cae fenecida;
la que es más encendida, es abrasada;
y es cogida, la que es más escogida.