Esta celosa hidra, que en mí siento,
con quien peleo muerto eternamente,
si de sus siete quito un cuello ardiente,
por uno nacen tres, y a veces ciento.
Crece con los contrarios el tormento
y crecen los contrarios cruelmente,
que con una sospecha solamente
no paran en un número sin cuento.
Quiero, por socorrerme, retirarme,
y mi sólo temor me da osadía
para volver a la batalla osado.
Y si me aparto de ella, por librarme,
en una sospechosa fantasía
muere mi vida y vive mi cuidado.