Llega mi mal a tal extremo, cuando
llegar a su postrero fin debía,
que lo que pudo la esperanza mía
puedo de lo que fue desesperando.
Híceme guerra contra mí, fiando
de quien con su beldad me desconfía;
los cielos aspiré, cuya osadía
eternamente pago lamentando.
Y de la gloria de este atrevimiento
hace despojos el amor tirano,
con que pretendo sustentarme vivo,
sacando de mi mal contentamiento,
cuyo desesperado efecto vano
tiene por fundamento mi motivo.