Tírito, triste, y solo, y apartado,
cielo cruel me tiene y me sustenta
de la más alta gloria, en la tormenta
más profunda que ha dado viento airado.
¡Ay del pastor ausente y olvidado
que a los dichosos sus trabajos cuenta!
¡Ay del pastor cuidado, que lamenta
dolor seguido de placer pasado!
Vos, que miráis el no turbado cielo,
y, puestos vuestros ojos en su lumbre,
pasáis por el naufragio de esta vida,
doleos y avisad de quien la cumbre
tuvo y ahora le ha faltado el suelo
para llorar su perdición temida.