Claro y sagrado río, y tu ribera
de esmeraldas y pórfidos vestida
corto descaso de una amarga vida,
que entre amor y esperanza desespera.
Cierto mal, bien incierto, ausencia fiera,
gloria pasada y gloria arrepentida,
tienen tan acabada y combatida
la triste vida, que la muerte espera.
Tú, que lavas el monte y las arenas
rojas de mi Cyterón soberano,
lleva mi voz y lástimas contigo.
Alivia tú, llevándolas, mis penas;
así veas su rostro tan humano
cuando yo despiadado y enemigo.