Bellas lumbres del alto firmamento,
que puestas en su cumbre soberana
dais vuestra luz a la región humana,
y al trono eterno del empíreo asiento,
¿vistes jamás amante tan contento
en perdición tan conocida y llana
ninfa tan dura, fe tan inhumana,
tan mal pagado amor, tan gran tormento?
¿Vistes, en cuanto la sagrada lumbre
del claro padre de Faetón alcanza,
ídolo más divino y adorado?
Si de su luz es vuestra luz vislumbre,
y es de más perfección su semejanza,
¿qué puede ser mi simulacro amado?