Filis, no busca desangrada cierva
con más ardor el agua, cuya pura
vena mitiga el fuego, que la dura
flecha del cazador llevó en la hierba,
como mi alma a ti; tú, cuya acerba
condición inhumana no asegura
la soberana gracia y hermosura,
que a su firmeza el cielo le reserva.
Más terrible y más brava tú que el fiero
mar alterado, y más que el ofendido
áspid crudo te muestras ofendida.
Vuelve, Filis, por mí, que el atrevido
dolor que en tu desgracia ve que muero,
despojo inútil hace mi alma y vida.