Vuelvo los aojos graves y caídos
al dolor, que el espíritu congoja
y apenas mi piadoso llanto afloja
el lazo al cuello, al alma los sentidos.
Ellos mal concertados y avenidos
acrecienta al alma su congoja,
y ella apremiada, como puede, arroja
la grave carga que los trae rendidos.
No se puede valer con su fortuna,
que ha mucho que la sigue, procurando
dar un fin desastroso a su contento.
Deja el cuerpo mortal si está penando,
alma doliente, que sin duda alguna
morirás, que te cerca gran tormento.