Clara luna, que altiva y arrogante
vas haciendo reseña por el cielo
de tu hermosura, que el nevado hielo
de tus cuernos la torna rutilante,
si en la memoria de tu dulce amante
no se ha muerto la gloria y el consuelo,
que recibiste amando, y el recelo
con que le adormeciste en un instante,
vuelve a mirar de la miseria mía
la sinrazón, si acaso graves males
hallan blandura en tus serenos ojos.
Que ya -culpa del cielo- los veo tales,
que apartarán la amarga compañía
de estos tristes y mísero despojos.