Este vital aliento que respiro,
que parece la vida que sustento,
cuando, con presuroso y presto aliento,
el fuego ardiente que me hiela aspiro,
si fuera parte de mortal suspiro,
ya hubiera consumido mi tormento.
Fuego debe de ser, que yo lo siento
cuando vencido de mi mal suspiro.
Las lágrimas también, que ardiendo vierto,
si son lo que parece solamente
de helado fuego y abrasado hielo,
¿qué ordena tras mi grave pena el cielo,
si de los daños de mi estado incierto
alcanzo el orden de mi mal ardiente?