Tirsis, aquí donde los ojos bellos;
de tu Amarilis bella deshicieron
las turbias nubes, que otro tiempo fueron
ira del crudo cielo y rigor de ellos,
aquí me tiene amor de los cabellos,
forzando el alma y cuerpo, que se dieron
a enemigos extraños, que trajeron
nueva traición para matar sin vellos.
Tal me tienen mis ojos engañosos,
dando camino al alma a mis contrarios,
que conozco mi mal y temo el daño.
Yo los traeré por valles solitarios,
entre sauces y espinos escabrosos,
para pagar mi bien y ver su engaño.