Camino por el mar de mi tormento
con una mal segura lumbre clara,
falta la luz de mi esperanza cara,
y falta luego mi vital aliento.
Llévame la tormenta en el momento
por adonde viviente no llevara,
si rigurosamente no trazara
dar fin en una roca al mal que siento.
Espántame del crudo mar hinchado
la clemencia que tiene de matarme
y en el punto me gozo de mi muerte.
Caí; la mar, en habiéndome gozado,
y porque era matarme remediarme,
a la orilla me arroja y a mi suerte.