Títiro, al asomar de dos hermosos
luceros, con quien hace amor temerse,
vi los ojos de Tirsis encenderse
y andar tirando amor rayos furiosos.
Espera Tirsis, y ellos con piadosos
pero falsos descuidos dejan verse;
arde Tirsis, y ciega, y, sin valerse,
entran su alma enemigos engañosos.
¡Ay del estrago que el pastor cuidado
padeció sin razón mirando a Filis!
Olvida el prado y aún a sí se olvida.
Quéjase el cielo, y quéjase Amarilis,
también al cielo, su pastor trocado,
sin esperanza y con segura vida.