Filis, más bella y más resplandeciente
que el claro cielo y que el ameno prado;
este gamo de flores coronado
que a su madre quité, te ofrezco ausente.
Riyéndoseme ahora dulcemente.
me lo pidió Testiles; mas cansado
me tienen ya sus risas; que tu helado
ceño me ha de perder eternamente.
A ti le doy y a ti también te guardo
dos tórtolas hermosas y una bella
garza que ayer cogí del monte al río.
Y si el amor de Tirsis por el mío
quieres dejar, escoge tú de aquella
manada mía un toro blanco y pardo.