De hiedra, roble y olmo coronado,
al pie de una copiosa y verde encina
por cuyo tronco y ramas encamina
dorada vid su lazo enamorado.
Damón del Tajo, a ti Padre sagrado
Baco, consagro aquesta cabra; inclina
tu rostro ahora, si la faz divina
volviste al deshojar tu tronco amado.
Esta cabra te ofrezco que solía
ahora con el diente y con el cuerno
descomponer tus vides sin sosiego.
Dijo Damón, y, haciendo una ancha vía
al cuello, cayó en tierra y con el tierno
olor de Arabia, al cielo subió el fuego.