Déjame en paz, Amor: ya te di el fruto
de mis más verdes y floridos años;
y mis ojos ligeros a sus daños
pagaron bien su desigual tributo
No quiero ahora yo con rostro enjuto,
sano y libre cantar más desengaños;
ni por alegres y agradables paños
trocar tu triste y congojoso luto.
En llanto y en dolor presto y cargado
de tus antiguos hierros, la jornada
quiero acabar de mi cansada vida;
mas no me des, Amor, nuevo cuidado,
ni pienses que podrá nueva herida
romper la fe que nunca fue doblada