Confieso, que naciste Julia hermosa,
y gozas de tu edad la primavera,
y su ambición florida, y lisonjera
envidian el clavel, jazmín, y rosa.
Que es perdida (no advierten) más costosa
del lustre propio, que jamás la espera;
pues la flor miento al prado, a la ribera,
y es la beldad del dueño mentirosa.
Corriendo empiezan con igual porfía
del rostro hermoso, y de la flor temprana
entre términos breves la alegría.
¡Qué mal conocen la hermosura humana!
No habiendo flor, que no se oponga al día,
ni beldad, que resista la mañana.