Montes de nieve son, los que de flores
pació el toro, de Abril en las montañas,
y el cierzo airado impide en sus cabañas,
la entrada, y la salida a los pastores.
Mirábanse los días tan menores,
que en breves horas, al trabajo extrañas,
la luz apenas vieron las campañas,
y el monte poco o más que resplandores.
Todo se altera, todo se embravece,
y envueltos con la nieve, y con el viento,
el soto gime, y Manzanares crece.
Su imperio desconoce el firmamento,
y orbe de plata a veces le parece,
y otras que se trastorna de su asiento.