¿Por qué, Señor, prosperas el camino
de tus rebeldes hijos, y ofensores?
¿Por qué a sus brazos siempre vencedores,
tu diestra sin castigo no previno?
Este modo de obrar tan peregrino,
ha sido entre tus claros resplandores,
lo que el discurso humano en los errores
opuso siempre al crédito divino.
¿Por qué en desigualdad tan justa, esconde
tu mano, que dispensa nuestro bienes,
el peso fiel en tan contrarias partes?
Mas ya tu providencia me responde;
que bien se ve la estima en que los tienes,
si en tan injustos dueños los repartes.