No temas Lice tanto las arrugas,
ni muestres tan lloroso desconsuelo,
que sin mudar su paso en nada el cielo,
trasnocharás lo mismo que madrugas;
aun no con moldes la mentira enjugas;
que en vano jura el fermentido pelo,
ni en ti Diciembre desató su hielo,
ni tus lunares pasan por verrugas.
Llegó a la tarde la temprana rosa
al botón inclinada la cabeza,
aun no marchita, pero no lustrosa.
En este ejemplo tu verdad tropieza,
que mucho más en la mujer hermosa,
se teme la vejez cuando se empieza.