Besáis los pies a los soberbios pinos
de la sierra de Cuenca, ilustre Tajo,
y despeñado por su falda abajo,
os dan pasto los valles más vecinos.
Los huertos, y jardines peregrinos,
de Felipe cercáis, y el gran trabajo
lográis de suerte, que por breve atajo
los guardan vuestros muros cristalinos.
Bañáis después la antigua maravilla,
donde puso con armas vencedoras
el Godo imperio su primera silla.
No paséis adelante aguas sonoras;
pues siendo las más nobles de Castilla,
vais a morir a Portugal traidoras.