Lusitania infeliz, confusa, y triste,
de tus gloriosos reyes siempre amante;
borraste aquel blasón de amor constante,
la vez primera, que traidora fuiste.
El natural dominio sacudiste,
y como ciego idólatra ignorante,
teniendo a Dios, adoras el semblante
de quien jamás por dueño conociste.
¿Qué es esto Lusitania desdichada?
¿Quieres probar (pudiendo la clemencia)
del Gran Felipe la sangrienta espada?
No harás a sus enojos resistencia,
que no hay fiera venganza tan airada,
como el justo rigor de la paciencia.