Entre envidias del campo generosa,
y de sus verdes armas defendida,
descose al aire su apacible vida,
por breves horas la apacible Rosa.
Risueña sale su ambición hermosa
del breve manto la prisión rompida.
A su peligro cierto inadvertida,
y a tantas inclemencias animosa.
Naciendo compañera a la mañana
del día sigue el paso diligente
de entrambos, siendo tan conforme el pago.
No adores, Fabio, una hermosura vana,
que por la puerta alegre de su Oriente
salió a buscar su miserable estrago.