Dejó dos casas el mayor Planeta,
mirando amenazar, Filipo augusto,
al fiero Galo, robador injusto,
tu invicta fuerza, y al de Dios secreta.
Y aquel acero, que en prisión respeta,
por ley del cielo, y por dominio justo,
cuanto del Belga al Arabe robusto
los mares ciñen, y tu imperio aprieta.
De osada sangre los peñascos baña
el pueblo loco, que pisó atrevido
las no violadas márgenes de España.
Y queda siendo, a tu poder rendido,
teatro de tus glorias la campaña,
y para sus tragedias prevenido.