A Prisa pide Lalage marido,
y debe de saber porque le pide.
Su padre, ni lo quiere, ni lo impide,
ni está el dragón, que la veló dormido.
De espadas, y broqueles el ruido
pudiera oír, con que Trasón despide
todo galán, que sus esquinas mide,
siendo su plata el arco de Cupido.
Ella presume que de amores mata
el mísero Trasón, que muerto yace,
no de sus ojos, de su hermosa plata.
Si en ella su codicia satisface,
presto verá, si de saberlo trata,
por cual belleza los extremos hace.