¿Procuras tú quietud? nada pretendes;
mas eres que discreto, Fabio amigo,
pues no llamas favor lo que es castigo,
que bien de la ambición la lengua entiendes.
A todos juzgas, y a ninguno ofendes,
sirviendo en tantos yerros de testigo,
y en el común dolor, de tu enemigo,
ni el brazo adoras, ni el rigor enciendes.
Tu mismo en tu silencio voluntario
retiras, y aseguras la esperanza;
que es vanidad a veces el desprecio.
Que aplaudir lo que estiman de ordinario,
es pana, y no blasón, que sólo alcanza
hacer injuria del mayor aprecio.