Del orbe los segundos pobladores,
familia del antiguo Patriarca,
dejarán libre la prisión del arca,
sagrado de sus riesgos, y temores.
Ya de la inculta tierra moradores,
en cuanto el Sol con su fatiga abarca,
alegres miran su animosa barca
surta del monte en las hermosas flores.
Y advierten mudos la pasada risa
de aquellos que juzgaron por locura
la nueva industria, que libró a tan pocos.
Si vivo ejemplo, Fabio, nos avisa,
que al hombre la estrecheza le asegura,
que hay pocos cuerdos, entre muchos locos.