Lucinda, ves el árbol, que vestido
de verdes hojas, de pintadas flores,
el manto le robó de sus colores,
del cierzo helado, el rústico bramido.
Ves el arroyo de cristal dormido,
burlar el Sol en Julio los ardores,
y su risueño pasto, en los rigores
de Enero, verse preso, y detenido.
Ves seguir a la Aurora el blanco día,
y al tiempo que del mar pisa el lidero
quitarle el mando la tiniebla fría.
Así a tu engaño, hermoso, y lisonjero,
fue cuando más alegre florecía,
cierzo la injusta edad, noche, y Enero.