Alegre el año, a respirar se atreve,
que viste, Fili, en sus principios muerto;
ya miras aquel monte descubierto,
desnudo de la escarcha, y de la nieve.
Sediento el prado los cristales bebe
del argentado arroyo, que despierto,
huyó medroso del vecino puerto,
por cuyas plantas se apresura, y mueve.
La cadena rompió la Primavera,
y el Sol vistiendo el aire de alegría,
en la estación del Toro reverbera.
Ya con la nueva vecindad del día,
florece el monte, el prado, y al ribera,
mas no florece la esperanza mía.