Ninfas del Tajo, que en quietud serena,
y en techos de cristal vivís ociosas,
ciñendo las madejas de oro hermosas
del oro mismo, que engendró su arena.
Así de Cuenca en agradable vena,
la sierra por sus márgenes frondosas,
os deje siempre habitación de rosas,
y rompa de los hielos la cadena.
Que acompañéis los fúnebres altares
del Apolo Español, que venerado
será del justo honor que os provocó.
No remitáis el llanto a Manzanares;
porque el común dolor tendrá burlado
de poco río, sentimiento poco.