Fuerza de amor ha puesto injustamente
en duro estrecho mi cansada vida.
Pero la volunta ciega, y rendida,
ni escucha el mal, ni la desdicha siente.
Da voces la razón, y ciegamente
la mano adora, que le da la herida;
y a veces castigada, y ofendida,
la pena llora, y el rigor consiente.
Libre vivía, y muero entre cadenas;
no sé quien me venció, sé que estoy preso;
un tiempo viví cuerdo, ahora loco.
Aun no entiendo la causa de mis penas,
pero por ella sin mi antiguo seso,
cuanto he perdido me parece poco.