Si a Filis, por qué llora le pregunto;
que no es del alma su tristeza jura.
Mas yo por la inquietud de su hermosura
que son de amor las lágrimas barrunto.
Llorando niega, y a su penas junto
lo que ella siempre desmentir procura;
sin ver que encubre su infeliz cordura
en cuerpo alegre, corazón difunto.
¡Qué pasos da su engaño tan perdidos!
Qué mal se tuerce una costumbre larga;
pues no la vencen máquinas, ni ruegos.
Que poco debe amor a los sentidos,
si al tiempo que el secreto les encarga,
juran los ojos contra el alma ciegos.