Al fuego ardiente, y en humilde lecho,
de rústica familia rodeado,
pasa el invierno, el labrador cansado,
sin más defensa, que su helado techo.
Con la esperanza sola satisfecho,
al surco deja el grano encomendado,
en quien del año, el natural cuidado,
al propio atiende, y al común provecho.
El viento brama, y con furor maltrata
las cumbres, y los valles más sombríos
que halló vestidos de cristal, y plata.
Siente después templar los meses fríos
y ve, cuando la nieve se delata,
bajar los montes, y subir los ríos.