Con fugitivo paso este arroyuelo,
asaltando las hierbas, y las flores,
se viste alguna vez de sus colores,
y otras le influye su color el cielo.
Dejó en el monte la prisión del hielo,
y dieron por el prado sus errores,
alivio a los sedientos labradores,
risa a las guijas, y hermosura al suelo.
¡O cuánto me lastiman sus cristales!
que ahora van corriendo a su albedrío,
haciendo bienes, y alegrando males.
Después, en manos de un soberbio río,
le seguirán con pasos desiguales,
loco en invierno, y cuerdo en el estío.