Las amenazas, Fabio, de la muerte,
avisos fueron siempre de la vida;
que siendo un mal tan grave andas perdida,
es el remedio, que le aplican, fuerte.
Esta piadosa turbación, le advierte,
que cuando perezosa, y divertida,
no recele el rigor de la partida,
respete la mudanza de la suerte.
Entre este mal, que todo lo despoja,
la eterna Providencia no descansa,
hasta avisar con la postrer congoja.
Oye tu voz ahora dulce, y mansa;
que como a veces de sufrir se enoja,
también, a veces de avisar, se cansa.