La envidia de una Reina despreciada,
la soberbia de Amán fiero enemigo;
a un Rey, que entre su enojo, y su castigo
sólo interpone la sangrienta espada.
De Dios Ester, y de virtud armada
resistes, siendo Asuero fiel testigo,
del afrentoso ruego del amigo,
sediento de la sangre amenazada.
Si del pueblo Gentil viva figura
tu suerte fue, si del confuso Hebreo,
basta engañada entre sus ritos vanos.
Venció debidamente tu hermosura,
que el cielo ha consagrado a su trofeo
calumnias y rigores de tiranos.