Deja los montes, Eco lastimada,
no gima tu dolor en sus cavernas;
siente en mi pecho tus querellas tiernas,
y vive más funesta, y más guardada.
Mas si de piedra vuelves animada,
la rústica inclemencia, que gobiernas,
llora tus penas, en Belisa eternas,
más que los montes, áspera, y helada.
Ejemplos muestra a su engañado pecho,
y a su beldad. las lágrimas de un árbol,
y el curso irrevocable de los ríos.
Y viendo en otros daños su provecho,
podrás, trocando un corazón de mármol,
sentir tu mal, y repetir los míos.