Perdió el acero su invencible dueño,
y ve perder su Capitán España.
Hoy vio la muerte su postrera hazaña,
y ve la vida desmentir su empeño.
Hoy el valor en la región del sueño
dejó sin miedo la marcial campaña;
y sus ruinas nobles acompaña,
por largos siglos un piadoso leño.
El sólo a su piedad justo reposo
en la común tristeza le concede
el cielo, a nuestras lágrimas airado.
Y como tanto huésped tan glorioso
igual sepulcro venerar no puede,
quedó en su mismo triunfo sepultado.