Camina nuestro engaño a su castigo,
al paso que la edad corre a la muerte;
igual en todos se ordenó la suerte,
mas no el suceso a la virtud amigo.
Pasan los años, sin poder conmigo,
que el término común medroso acierte,
y opuesto a la razón, sin armas fuerte,
de ajenos desengaños soy testigo.
¡O larga vida! ¡O larga servidumbre!
a quien el alma vive agradecida,
las horas siendo a su tormento iguales.
Y con alegre, y cierta pesadumbre,
el bien, que alcanza una prolija vida,
es medio para ver mayores males.