Vivos al tiempo, que acabó su mano,
desechas torres, y asolados muros;
de nueva injuria vivirán seguros
los cielos, y el poder del Africano.
Tu nombre (o gran Sagunto) en este llano
conserva la piedad, no en bronces duros,
sino en ruinas, y en ejemplos puros
del honor propio, y del amor Romano.
Firmeza, y cuerpo ofrezco a tu memoria,
si la igualdad honrosa de fortuna
de tenerme a su lado no se afrenta.
Y si pretende lágrimas tu gloria,
tanto lastima, quien su agravio cuenta,
como teatros, arcos, y columnas.