Alegre campo, que en tu seno verde,
entre las nieves del invierno frío,
agradecido vuelves al estío,
colmado el grano, que el Otoño pierde.
Antes que el Alba hermosa al Sol recuerde
al blando son de su apacible río,
escucha mi amoroso desvarío:
será posible, que con él concuerde.
Si aguardas de las aves lisonjeras
las dulces quejas, que agradece el día
despierto entre celajes de colores.
Será la misma música, que esperas,
pues yo me quejo, y vive el alma mía,
llorando celos, y cantando amores.