Amé una peña; en una helada sierra
puso el amor mi pensamiento loco;
hielo y rigor es cuanto miro y toco,
perpetua confusión, celosa guerra.
Decir no puedo que engañado yerra
quien ama mucho, quien espera poco;
pues yo, forzado de mi amor, provoco
al mismo engaño que mi pecho encierra.
Llorando vivo los cansados días,
del breve sueño las prolijas horas,
de un loco amor los peligrosos años.
No da remedio el tiempo a mis porfías,
que viven de mi seso vencedoras,
llorando enojos y pidiendo engaños.