O Mayoral del gran Pastor Romano,
que por la dulce paz de sus ovejas
de aquellos montes célebres te alejas,
expuesto a las injurias del verano!
Tú, que con seso en las virtudes cano,
la ardiente edad acreditada dejas,
y ejemplo a los ejemplos aparejas,
con noble asombro a la piedad de Urbano.
Defienda ahora del León sangriento
la Iglesia, armado tu invencible río
de fe, no de paveses, y alabardas,
que si al ganado velas siempre atento,
hará el cielo a tus años grato, y pío,
que muchos rijas, lo que en pocos guardas.