O tú, que siempre mides peregrino
de tu jornada eterna los linderos;
y con iguales pasos, y ligeros,
ni acortas, ni dilatas el camino.
Por ti el gobierno del errante pino
doma indolentes mares extranjeros,
y usando el hombre los comunes fueros,
en él imitas el pode divino.
Jamás la tierra, que tu luz rodea,
con piadosos objetos la retira,
ni altera la igualdad de tu corriente.
Así a la hermosa altiva Galatea
ni el mal que siento, ni el dolor que mira,
turbar pudieron la enemiga frente.