Al golpe invicto de tu brazo fuerte,
emulación del rayo de la esfera,
rindió su aliento la intratable fiera,
perdió la vida, ennobleció la muerte.
No estrecha tanto el límite la suerte;
pues lo que honor en un contrario fuera,
es dicha en quien ingrata no venera
aquel favor, que entre la sangre vierte.
O fue temor, o natural respeto,
sujetarle primero, que atrevida,
la bárbara fiereza se lo estorbe.
Amor te dio el aplauso del efeto,
que no es admiración rendir la vida,
a quien sujeta la cerviz al orbe.