Mario, después que el límite Africano
pisó, desobligado a la fortuna,
y en parte a sus tristezas oportuna
miró a Cartago en el destierro llano.
Ruinas dejó, ejemplos de la mano
del tiempo, que hasta el cerco de la Luna
no consintió jamás firmeza alguna,
a que el poder caduco aspira en vano.
Aliento sois a la desdicha mía,
que siempre halaga la enemiga suerte,
tener en sus afrentas compañía.
Mas no igualdad, porque en rigor tan fuerte,
si el más soberbio mal, en su porfía
le cura el tiempo, a mi dolor la muerte.