Las velas prendo, de oponer cansado
mi rota nave al ímpetu del viento;
y aunque perder mis esperanzas siento,
también con ellas pierdo mi cuidado.
Ni quiero ya del norte deseado
medir el no entendido movimiento;
pues cuanto más seguro el mar frecuento,
enciendo menos su furor airado.
Fatigue la ambición de los mortales
el acho reino, procurando el oro,
fiada de un atabla en la defensa.
Que yo pasando voluntarios males,
no le codicio al rico su tesoro,
por no pensar, lo que teniendo piensa.